Mes de mayo, con María

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    Este  mes de mayo, mes de la Virgen, dedicamos este post,  a dar ciertos tips acerca de algunas lecciones que nos da la Virgen María, modelo a seguir para todos los concepcionistas, en su diálogo con el Ángel Gabriel. ¡Esperamos que os gusten! 

    1. Aprender a decir sí

    «Fiat» es como respondo al Arcángel san Gabriel en el momento de la anunciación, su traducción al español significa «sí». Por medio de esta palabra me comprometo con el Arcángel ante la propuesta que me plantea, ser la madre del redentor del género humano. El mundo necesitaba de mi «Sí» para recibir a Cristo, mi Hijo también necesita de tu «sí» para acercarse a tantas más personas.

     

    2. La escucha y la acogida. Claves para ayudar a los demás.

    Yo María, la Virgen madre de Dios, la nueva Eva, la mujer representada más de mil veces por artistas a lo largo de los siglos, la que ha causado varios concilios y que sigue causando polémica hasta el día de hoy; yo, decido ser esclava. En efecto el cristianismo nos invita a entender el servicio como la vocación real del hombre; el hombre solo es pleno en la medida en que se entrega a los demás, y Yo soy la primera en vivirlo así. Al tener conversaciones con personas que no comparten nuestros puntos de vista, tenemos que recordar que no son «nuestras ideas» las que buscamos transmitir; es la realidad de la naturaleza humana, la verdad que Cristo nos ha venido a revelar. Somos enviados por Cristo para llevar su verdad a los demás, esclavos de su verdad y de su amor por los demás.

    3. Ante todo ser disponibles y humildes

    Estas son unas de las últimas palabras que pronuncia Jesús antes de morir en la cruz; me entrega a mi cómo Madre a toda la humanidad. La maternidad es en efecto la primera forma de describirme. María: es madre de Dios (Theotokos) y madre nuestra. ¿Cuáles son las virtudes más características de una madre? Por no decir todas (le debemos tanto a nuestras madres), diría que las virtudes que más destacan de la maternidad son la generosidad y la paciencia. Tanto en esperar a que los hijos maduren, como en la entrega constante e incondicional, reflejan la disponibilidad de una madre para con sus hijos.

    4. Confiar en Dios y trabajar por ser hombres y mujeres verdaderos.

    Durante la Pasión de mi hijo, busco acompañarlo hasta las últimas consecuencias: estoy al pie de la Cruz y en los momentos difíciles su vida. En todo este camino logro no desfallecer ante la complicada misión de mi hijo, por estar recogida en oración a pesar de mi dolor. La misión de cambiar el mundo es una que nos queda grande a todos, y bueno a veces cuando vemos que en una discusión sobre el feminismo (que puede incluir extremos como el aborto, el rol de la mujer en la familia, las capacidades de la mujer en el mundo laboral), si parece que no llevamos la razón, podemos sentirnos derrotados y perder la esperanza de que esto pueda llegar a cambiar algún día.

    En estos momentos, no dudes que lo que me sostuvo en los momentos más difíciles, como presenciar la tortura de un hijo, fue la confianza en Dios. A pesar de que pongamos todo nuestro empeño, buenas intenciones y hasta caridad en mostrar a alguien más de lo que trata la verdadera dignidad de la mujer, puede que no lo logremos. Esto no quiere decir que todo está perdido. Confiemos, en que el Señor sabrá mejor que nosotros iluminar el corazón de las personas y cuidar de la humanidad. Nuestros esfuerzos son valiosos, de ellos se vale Dios para hacer sus milagros.

     

    5. Guardar todas las cosas en el corazón

    La forma de poder llevar una misión tan grande como la que Dios me encomendó es, sin lugar a dudas, ir de su mano a lo largo de todo el camino. Mantener una vida espiritual cambiará nuestro corazón, nos acercará a la caridad, humildad y generosidad que el mundo necesita. El silencio nos permitirá ser más reflexivos y meditar sobre temas relevantes con más facilidad.

    Meditar y llevar al corazón todas las experiencias que tenemos nos acercará más a Él y a los corazones de los hombres. Por lo tanto dejemos que nuestra alma «glorifi[que] al Señor, gócese [nuestro] espíritu en Dios [nuestro] Salvador».

    Fuente: Links Católicos

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